¡Nos vamos a Mongolia! En coche. En un Fiat Panda. 60 caballos. Con un par...
Somos tres amigos, dos gaditanos y un madrileño. Era esto o irnos a Benidorm. Aún no sabemos porqué nos hemos metido en esta locura, pero todo lo que recaudemos será para obras benéficas, y la experiencia y el viaje nos lo llevaremos nosotros en el cuerpo. Este es el blog en el que podrás estar al día de nuestra aventura.
¿Te unes al equipo?
Día 27
Altanbulag (Mongolia) - Ulan Bator (Mongolia)
350 Km
4 horas
7 horas paso de frontera
En Mongolia hace un frío de cojones, y el viento sopla a lo bestia. Tanto, que las ventanas de nuestra habitación se abren cada dos por tres y no hay manera de cerrarlas. Empezó a soplar a eso de las 5 de la mañana, y hasta que no apilamos todas las mochilas contra la ventana para que hiciera de tope no pudimos dormir un rato. Debe ser la noche que más tiempo hemos pasado en la cama. Ayer nos fuimos a tomar una cerveza al único bar que hay en el pueblo (por llamar de alguna manera a las 6 casas que hay aquí en la frontera), que curiosamente está en nuestro hotel. La combinación de cerveza calentorra con un local plagado de bichos no alimentó nuestras ganas de irnos de marcha y a eso de las 22:30 ya estábamos sobando.
Ayer nos dijeron los guardias mongoles que hasta las 8 de la mañana no abrían la frontera. Dado que la experiencia nos dice que si no empezamos a dar el coñazo desde temprano no pasamos rápido, allí que nos pusimos en el edificio de la aduana a las 07:45. Para empezar, la frontera realmente abre a las 09:00 de la mañana. Hasta esa hora no llegan el grueso de funcionarios aduaneros mongoles, pero por lo menos llegar una hora antes nos sirvió para tomar posiciones en las diferentes ventanillas.
Son las 9 de la mañana. Empieza el show: estamos situados en la primera ventanilla a la que tenemos que ir a dar el coñazo. Aparece una gorda adicta a los productos de belleza y al móvil. No nos hace ni puto caso. Damos el coñazo, nos hace falta un papel, conseguimos el papel de un funcionario con uniforme filo-nazi. Pasan 30 minutos. Volvemos a la gorda. La tia se lo toma con muchísima tranquilidad. Pasan 45 minutos, y nada de nada. Después de darle muchísimo el coñazo a la gorda nos dice que vayamos a la primera planta de la aduana, que tenemos que pedir otro papel. Eso, evidentemente, en un inglés muyyyy básico: “you paper” y señalando con el dedo hacia arriba. Vamos a la primera planta, que al parecer es el departamento de importación de vehículos. Allí hacemos un gran descubrimiento: conocemos a un canadiense que está haciendo el rally con su hijo de 16 años. El tio nos cuenta que llegó hace dos dias a la frontera y que no ha podido pasarla todavía. Que con todos los problemas de comunicación que tiene y dado que no sabe cuales son todos los papeles que tiene que presentar, ha decidido contratar a un fixer mongol que le solucione los papeles. Ni que decir que dos días para pasar la frontera es algo que no vamos a dejar que nos ocurra. Nos dice el canadiense que hasta que los de The Adventurist no manden un fax con las famosas tasas de importación pagadas, que no podemos hacer nada de nada. Nos empezamos a oler la tostada: estos hijosdeputa (por llamarles de alguna manera) del rally son unos listos. Tú les ingresas la pasta de importación del coche a Mongolia un par de meses antes, ellos no se la ingresan al gobierno mongol hasta que tú no apareces por la frontera. Con suerte te quedas tirado por el camino y ellos se quedan con el dinero. Y si apareces por la frontera, tardan la de dios en pagarla y mientras tanto 500 euros por 500 coches, son 250.000 euros generando intereses en su cuenta bancaria…
En fin, que a eso de las 12:00 tenemos un par de papeles sellados, no sabemos nada de las tasas, y hemos conocido a unos 7-8 equipos del rally que llevan allí entre 1 y 2 días esperando a la dichosa transferencia y al fax de the Adventurist para poder pasar la frontera con el coche.
Andrés llama por teléfono a the Adventurist para ver que pasa con nuestro fax. Le aseguran que están trabajando en ello. Que no se preocupe, que en una hora tenemos todo hecho. Empezamos a sopesar la posibilidad de pagar nosotros directamente las tasas de importación del vehículo de nuestro bolsillo. Estos tios del rally son un desastre, y preferimos depender de nosotros mismos. Seguimos situados en diversas colas de la aduana. Si hay algo que hemos aprendido después de 17 fronteras es que si no das el coñazo, no existes, y si no existes no pasas…
Pasa la hora de rigor. Le volvemos a preguntar a la gorda adicta a los potingues. Nada del fax. Nos empezamos a poner de muy mala hostia. Estos tios nos la están jugando, y al parecer al resto de gente del rally que llevan allí dos dias esperando parece que no les importa. A nosotros sí. Andrés vuelve a llamar por teléfono a los de the Adventurist y les pregunta por la transferencia y el fax. Le aseguran que están en ello (lo mismo que ayer por la tarde y esta mañana). Como a estas alturas del partido ya no nos cuelan ni una le suelta en inglés al tio del rally: “Mira, llevamos aquí esperando dos días (era mentira, claro está) y no habéis solucionado una mierda. Dado que puedo salir a pie de la frontera, lo que voy a hacer es coger un taxi, irme a Ulan Bator, te voy a buscar, te voy a encontrar y vamos a solucionar esto a mi manera. Y te garantizo que mi manera va a ser un poco desagradable”. Varis y Pedro que estaban junto a Andrés se empiezan a descojonar por el momento mafioso que acaban de presenciar. El tío que estaba al otro lado del teléfono no da crédito a lo que acaba de oír, pero automáticamente le dice a Andrés que le de su teléfono, que en treinta minutos le vuelve a llamar y que tendrá hecha la transferencia. Andrés le asegura que si en treinta minutos no le llama, que no se moleste en llamarle más, que le verá en Ulan Bator. 25 minutos después suena el teléfono…transferencia hecha.
Como no podía ser de otra manera, a las 13:00 los de la aduana se piran a comer. Tenemos la transferencia hecha, pero allí no hay nadie. Vuelven a las 14:30. Le damos el coñazo a la gorda de nuevo. Sí que tenemos hecha la transferencia, pero nos faltan mas papeles. Nos quieren dar el día estos tíos. Vamos a la ventanilla correspondiente y se inventan cien mil excusas para no tramitar nada. Optamos por ponernos en todas las colas posibles y dar el coñazo a todo dios. Si saben lo que les conviene, nos tienen que dejar pasar cuanto antes. Podemos llegar a ser muyyy pesados: no dejamos pasar a nadie en la cola, hacemos mucho ruido, nos sentamos en el suelo en los pasillos…Al rato viene el que al parecer es el jefe de la frontera, el doble del embajador chino de las pelis de Jackie Chan, y les dice a Pedro y Andrés que le sigan, que va a ser un minuto, y les acompaña fuera del edificio. El tio se da la vuelta y vuelve a entrar, y automáticamente Pedro y Andrés vuelven a entrar con él. El tio se queda flipando y les dice que fuera. A lo cual le decimos que sólo va a ser un minuto…nos volvemos a la cola y el tio se descojona. El chino es cachondo y tiene sentido del humor. Nos quería echar a la puta calle y no le ha servido de nada.
15:30, y parece que nuestra técnica de dar el coñazo empieza a dar sus frutos. Nos dan los papeles, y nos falta que nos hagan la inspección del coche. Nos acompañan dos inspectores y hacen la inspección más absurda que hemos visto en el viaje: ven la tienda de campaña que llevamos y nos piden precio por ella, ven el jerrycan e idem. Como esto se acaba, le vendemos la tienda por 30 euros. Teniendo en cuenta que nos costó 45 en decathlon no nos parece mal negocio. Nos sellan los papeles…16:00 y saliendo con el coche por la puerta. El resto de gente del rally no se pueden creen que en 7 horas estamos saliendo de allí mientras que ellos llevan esperando dos dias. A ver si espabilan.
Rumbo a Ulan Bator, trescientos y pico de kilómetros. Nos turnamos entre los tres para conducir y así poder decir que hemos conducido en todos los paises del rally. Al menos Varis y Andrés, que Juanma sólo ha hecho el 66% ;-). De camino paramos a hacernos una foto con un Ger típico de Mongolia.
Lo que vemos de Mongolia no tiene mucho para comentarse. Al parecer sólo hay 600 km de carretera asfaltada en todo el pais, y esta carretera debe ser la que tiene la mitad. Atravesamos la ciudad de Darkhan, con edificios de la era soviética en pésimas condiciones. La gente malvive por esta zona, aunque los coches que vemos en la carretera no son normales: Mercedes, Lexus, BMW…
Por fin, después de 28 días conduciendo, llegamos a Ulan Bator!
Para nuestra eterna vergüenza vamos directamente al aeropuerto. Estamos bastante jodidos de tiempo, ya que es jueves y el lunes tenemos que estar en Madrid para currar. Dado que en Ulan Bator no hay mucho que ver, decidimos intentar ver si hay un vuelo para Pekin esta misma noche, pasar el finde en China, y volar el domingo para España. En el aeropuerto nos dicen que el próximo vuelo será mañana por la mañana y que los billetes se venden por internet.
Seguimos hacia la línea de meta. Tenemos que soltar el Panda y el Micra y ver como salimos de Mongolia. Han pasado 28 días, 17 paises, 17.000 Km, hemos perdido 8 kilos de peso, nos ha costado una pasta el viajecito, pero aquí estamos!

En la linea de meta vemos que hay un listado de equipos que han ido llegando y los kilómetros recorridos por cada uno. Somos los setenta y pico en llegar, pero la mayoría de equipos han hecho unos 12.000 kilómetros. Nosotros hemos hecho 5.000 más! Eso traducido al castellano quiere decir que la mayoría atraviesan sólo Rusia y como mucho se meten en Kazajistan. Mariquitas…
Ha llegado el momento de la despedida. Con bastante pena, vaciamos el coche para donarlo a obras benéficas, tal y como habíamos decidido desde el principio. La verdad es que el Panda se ha portado: muchísimos kilómetros por carreteras impracticables y sólo hemos tenido que cambiar una rueda. Hemos tenido mucha suerte, la verdad, pero el coche ha sido una maravilla.
Buscamos un sitio con wifi y nos instalamos con las mochilas. Sacamos el portátil y mientras cenamos buscamos la manera de salir en avión de Mongolia. Al final lo de China se va al garete. El vuelo de Ulan Bator a Pekin nos cuesta 600 euros y el de Pekin a Madrid, 900. Eso sin contar hoteles. La broma del finde en Pekin nos puede salir por 2000 euros por cabeza. La otra opción, es salir el sábado de Ulan Bator a Madrid haciendo escala en Moscú con aeroflot, por 650 euros. Pagamos religiosamente nuestros billetes y nos pillamos un taxi para irnos a un hotel como dios manda.
El dia y pico restante no tiene mucho que aportar al blog. Comer, dormir, dar una vuelta por la ciudad y salir de copas a muerte.
Resulta muy deprimente pasarte 28 días conduciendo sin parar y llegar a tu casa después de 13 horas de vuelo. Hemos conseguido “sobrevivir” al rally. Y digo “sobrevivir” porque el rally es jodido, pero no para tanto. Es cuestión de paciencia, picardía, sentido del humor, preparación y un pelín de suerte. Con esos ingredientes llegas sin problemas. Con eso y con el mejor consejo que nos dieron para hacer el rally, copyright de Eric del equipo “Don Quijote y Dulcinea” de la edición del 2008: “A Mongolia hay que llegar sea como sea, en coche, en grua, en burro o andando, pero tenéis que llegar como sea”. Parecerá muy obvio lo que acabo de decir, pero cuando llevéis 20 días conduciendo, 3 días sin ducharos, con 8 kilos menos de peso, muertos de hambre, el coche que se calienta cada rato, y con apenas gasolina para 50km sin tener ni puta idea de dónde estará la próxima gasolinera, sabréis a ciencia cierta que ya puede salir ardiendo el coche o el próximo policia kazajo os puede empapelar, pero a Mongolia vais a llegar por vuestros santos cojones.



