Día 14
Turkmenbashi (Turkmenistán) – Ashgabat (Turkmenistán)
550 kms
9 horas
A eso de las 8 de la mañana nos despierta un soldado turkmeno pidiéndonos el pasaporte. Habíamos dormido unas horas en el coche en el muelle de Turkmenbashi. Seguíamos en la zona franca y no habíamos salido todavía. Intentamos ponernos en marcha pero las puertas de salida estaban cerradas. Nos faltaba otro papel, como no…
Nos enteramos que unos tíos de Oviedo que estaban con todo el grupo habían salido de la zona franca una hora antes sin ningún papel, sobornando a los guardias con media botella de vino. Tenemos que ser más espabilados. Además nos enteramos que unos ingleses que venían con el grupo decidieron tramitarse sus papeles por separado y no como todos nosotros que lo hicimos en pack. Resultado: ellos 4 horas de trámites, nosotros 14. Otra lección aprendida.
Conseguimos el papel amarillo que acredita que podemos salir. Hemos lavado el coche con agua del caspio para no dar más excusas para tenernos retenidos. A eso de las 10:30 parece que por fin vamos a ser hombres libres. Pasamos la barrera dándole los papeles al guardia y diciéndole a la vez en un perfecto castellano: “aquí tienes los papeles hijo de la gran…”
A lo largo del camino nos pasará lo mismo. La mala educación le aflora a cualquiera después de 14 horas de paso de frontera, durmiendo sólo un par de horas en un coche bastante pequeño. Sobre todo cuando los trámites tardan tanto por la poca catadura moral de los guardias fronterizos.
Salimos quemando ruedas con destino a Ashgabat. Nos han comentado en la aduana que cada 50km hay un control de policía y que nos vayamos haciendo a la idea de que en cada uno tendremos que pagar 10 dólares de soborno. Una gracia.
La carretera discurre paralela durante varios kilómetros junto a la playa. La verdad es que estos tios se podrían montar unos resorts de playa cojonudos con lo que tienen aquí, pero no hay nada de nada construido.
Las carreteras son sorprendentemente buenas. No son autopistas alemanas, claro está, pero encontrarte una carretera que ha sido asfaltada hace 40 años, con sus socavones de vez en cuando y sus parches, te permite circular a una media de 75km/h lo cual nos parece un lujo.
Pasamos nuestro primer control policial. Se nos pone el ojo del culo tieso y pasamos mirando al infinito. La cosa es hacerse el despistado y si te dan el alto hacer como si no lo hubieses visto. Pasamos sin problema.
Muchas veces cuando vamos por la carretera en España te encuentras la típica señal de peligro por animales que pueden cruzar la carretera. Pues a veces deberíamos hacerles un poco de caso
La carretera tiene tramos en los que discurren dos carreteras paralelas a modo de autopista. Lo curioso es que la gente discurre por la que le apetece, en vez de ir con dos carriles en cada sentido
Al cabo de un rato, después de varios socavones, damos un llantazo y pinchamos nuestra primera rueda. Sacamos todo el equipaje del maletero (un coñazo).
Seguimos conduciendo y nos empezamos a rallar al ver que la gente no para de echarnos largas. No sabemos si estamos deslumbrándoles o si le pasa algo al coche. Al cabo de un rato nos damos cuenta que en realidad nos saludan. Pero nos saluda todo dios: la gente en dirección contraria, el que te adelanta, cuando te paras en un semáforo el de al lado empieza a gritarte con su sonrisa forrada en dientes de oro, la gente incluso sin preguntarles tú por la carretera directamente te dan direcciones para no perderte, parados en una ciudad un grupo de 20 adolescentes se agolparon alrededor del coche agarrándonos, pero sin ninguna maldad. No sabemos si estos tíos no han visto a un occidental en su vida o si los participantes del Mongol Rally somos famosos en Turkmenistan por salir en la tele. El caso es que la gente se pega tortas por hablar con nosotros.
Después de casi 9 horas llegamos a Ashgabat, la capital. Es una ciudad rara de cojones. El resto del país es muy soviético. Edificios de 4 plantas sin ascensor, a los que le falta una buena mano de pintura, todos igualitos, y cada uno con un pedazo de antena parabólica en cada ventana. Pero Ashgabat no es así. Parece Las Vegas, avenidas iluminadas con edificios de mármol. Estatuas de Turkmenbashi por todos lados, chapadas en oro.
Vamos al único hotel que hay en la ciudad para extranjeros. El Grand Turkmen Hotel, un hotel de 5 estrellas (aunque en España tendría 3), famoso por tener todos los teléfonos pinchados y con escuchas en las habitaciones. Allí nos encontramos a varios participantes del rally y a un montón de prostitutas en el hall del hotel. Al principio teníamos nuestras dudas, que se disiparon al instante cuando Pedro le preguntó a una por el baño y directamente le dijo que ella era “Room Service” y que por 150 dólares le acompañaba a la habitación. Un desfase.
Nos fuimos a cenar a eso de las 22:30 a un restaurante que estaba en frente del hotel. En Turkmenistan hay toque de queda a las 23:00. La cara de las camareras al vernos entrar por la puerta media hora antes del toque era un poema. Nos dieron de cenar pizzas a carajo sacado y cumplieron con su horario.
Mañana aprovecharemos para dar una vuelta por la ciudad y ver la famosa estatua de Turkmenbashi que siempre está mirando al sol.




