Samarkanda is not the problem

Por la ruta de los Istanes

Día 17

By Andres - Last updated: Tuesday, September 1, 2009 - Save & Share - Leave a Comment

Samarkanda (Uzbekistán) – Tashkent (Uzbekistán) – Andijon (Uzbekistán)

727 kms

14 horas

Borja fue el primero en caer. La noche con diarrea, probablemente fruto de la cena del día anterior, ha sido bastante dura. El resto, menos Varis, no nos encontramos muy allá, pero mantenemos el tipo.

Nos vamos a dar una vuelta por Samarcanda. Nos montamos en un taxi los 5 embutidos, por unos 3000 singapurines (ya no somos capaces de acordarnos de la moneda de cada país, por lo que decidimos llamarlos singapurines en honor a la coña de gomaespuma de Luis Roldán que se fundió la pasta de los fondos reservados con las comisiones de los cambios de divisa hasta llegar a Singapur, famoso por su moneda, el singapurín), que al cambio es un euro y medio.

Vamos a los diversos mausoleos y madrazas, y en uno de los taxis Juama pierde el móvil. Una gracia. Al menos su madre consigue cancelarle la tarjeta desde España y no se convierte en un drama fruto de un uzbeko adolescente que aproveche para llamar a su novia de turno por el módico precio de 2 euros el minuto.

Vemos primero el observatorio de Ulugh Beg, el cual tiene un sextante descomunal para medir la posición de las estrellas. Desconocemos como puñetas funcionaba, pero si alguno sabe algo al respecto que ponga algún comentario!

img_0881b

De ahí fuimos a la plaza del Registán, famosa por las cúpulas turquesas y los mosaicos de las fachadas.

dscf2623b

Y por último al mauselo de Gur-e Amir.

dscf2627b

La verdad es que Samarcanda es espectacular, y sino fuese por los cuatro días que perdimos en Baku, le hubiésemos dedicado un día más. Pero algunos tenemos que trabajar en este rally, así que no nos quedó más remedio que continuar con el viaje.

Salimos de Samarcanda a las 13:00 y tiramos hacia Tashkent. Hemos decidido intentar la machada de llegar hasta Osh en Kyrguizistan. La broma es una ida de olla bastante importante, ya que tenemos que ir hasta Tashkent, la capital de Uzbekistán, y de ahí al este atravesando una zona montañosa con carreteras súper empinadas, hasta llegar a la frontera. Unos 800 km. Desconocemos si la frontera cierra por la noche, pero en el peor de los casos volveremos a dormir en el coche e intentaremos pasar la frontera a primera hora.

La jugada tiene bastante riesgo, ya que a los uzbekos y a los kyrguizes les da por darse de hostias de vez en cuando, y la última vez fue hace un mes y pico, por lo que no sabemos si la frontera estará abierta.

Si no conseguimos cruzar la frontera, significaría que tendríamos que volver a Tashkent, desandando el camino hecho, para ir hacia el norte y cruzar a Kazajistán, olvidándonos de Kyrguizistán.

De camino a Tashkent las bajas van en aumento. Borja está que se muere, y el resto lentamente vamos cayendo uno detrás de otro. Las paradas imprevistas con alguno saliendo del coche por patas con un rollo de papel higiénico bajo el brazo están a la orden del día. Las opciones son hacerlo en medio del campo (con suerte) o en un retrete-agujero inmundo (en el peor de los casos).

Paramos en una gasolinera y los que trabajaban allí empiezan a hablar con nosotros de fútbol. Los tíos eran del Barça y casualmente llevaban Pedro y Borja un póster del tricampeonato. Se lo regalamos para que lo cuelguen en la gasolinera y nos hacemos una fotillo con ellos. La verdad es que la gente es simpática. El problema son los de siempre: la policía y el ejército.

img_0913b

Ya hemos perdido la cuenta de las veces que la policía nos ha dado el alto. Nuestro método de no parar, o de hablar en castellano y volverles locos para no pagar nos libra de cualquier mordida.

Llegamos a Tashkent y vamos por el equivalente a la M-30, pero los uzbekos no se gastan pasta en señales y nos perdemos varias veces. Conseguimos encontrar la carretera después de hora y media. Durante el camino unos que iban en furgoneta nos piden que nos vayamos a dormir a su casa. Estos tios o no han visto a un occidental en su vida o les parecemos súper interesantes. Si supieran que nos estamos cagando por la pata abajo, seguro que nos mirarían con otros ojos…

Seguimos camino de Andijon. Ya es de noche y no se ve nada. El paisaje debe ser espectacular. Vemos cordilleras por todos lados, lagos enormes. Es una pena que sea de noche. El cansancio empieza a ser bastante importante. Deben ser las 12 de la noche y nos quedan varias horas hasta llegar a la frontera.

A eso de las 2:30 de la mañana nos empezamos a quedar sopa al volante. Estamos rotos. En nuestro coche le toca conducir a Varis, pero ya no estamos para muchos trotes y decidimos que lo mejor es acampar en medio del campo. El problema es que no vemos ni un solo lugar. Llevamos cientos de kilómetros en los que cada 40 m hay una casa, o un puesto de melones, o un pueblo. Nuestra mejor opción es llegar a Andijon y buscar un hostal.

A eso de las 3 de la mañana no nos matamos de milagro. De la nada salió una vaca descomunal, que pasó literalmente rozando el coche. El susto nos dejó pálidos a todos. La cosa empieza a ser seria y deberíamos dejar de jugárnosla.

Conseguimos llegara a Andijon a las 3:30 de la mañana. No sabemos el tamaño que tiene, pero preguntando a un paisano nos indica como llegar a un hotel. Tienen una habitación para cinco por 10 euros por cabeza. No está nada mal.

Ha sido una locura de día. Estamos cansados, enfermos, por poco no nos matamos atropellando una vaca y encima no sabemos si podremos cruzar la frontera. Esperemos que el esfuerzo haya servido para algo.

Posted in Uncategorized • • Top Of Page

Write a comment