Día 23
Barnaul (Rusia) - Kemerovo (Rusia)
608 Kms
8 horas
Nos levantamos con tranquilidad y desayunamos unos pasteles rusos parecidos a los phoskitos en un supermercado en Barnaul. Intentamos buscar un mapa de carreteras sin suerte. Es domingo, 9 de agosto, por lo que nuestras opciones de encontrar un sitio abierto deben ser escasasas. Nos indican que en la misma calle del super hay un centro comercial con una librería y que está abierto. La librería tiene dos plantas y los únicos mapas que venden son de la ciudad. Pero de carreteras nada.
Son cerca de las 13:30, y decidimos que ya hemos perdido demasiado el tiempo. Intentaremos buscarnos la vida, preguntando a la gente para ver como llegamos a Irkutsk. Así a ojo de buen cubero debe estar a unos mil kilómetros. La idea nuestra es ir por el sur, pasando por Kyzil.
Salimos de barnaul y en un semaforo le preguntamos a un ruso que cómo se va a Irkutsk. El tío lleva un coche con el volante en el lado derecho. Es un poco raro, la verdad. Debe ser que los rusos importan coches de Japón y se los traen con el volante como los ingleses. Nos dice que le sigamos, que nos lleva a la carretera. Salimos de Barnaul y nos deja en la entrada de una autopista que va a Novosibirsk. No tenemos ni idea de donde está, pero la brújula marca dirección norte, y nosotros queríamos ir hacia el sureste. Algo no nos cuadra.
Seguimos conduciendo durante una hora mas o menos, hasta que paramos en una gasolinera y volvemos a preguntar. Nos indican que tenemos que ir dirección Krasnoyarsk. No tenemos ni idea de en que dirección está, ni a cuantos kilómetros. Nos indican como medianamente pueden la carretera que debemos tomar, por lo que salimos de la autopista a Novosibirsk y emprendemos camino via Kemerovo.
En una de nuestras enésimas paradas para ver por dónde vamos, nos topamos en una gasolinera una cosa surrealista y una poco deprimente. Un par de osos enjaulados y una muchedumbre de rusos dándoles de comer de todo: cacahuetes, chocholatinas, un bocadilllo…

Llevamos unas tres horas y media conduciendo, sin mapa, sin tener ni puta idea de por dnde vamos. Recibimos un sms de Josune, la novia de Varis, preguntando que a dónde vamos, que estamos andando en círculos…Paramos en un pueblo que se llama Prokopevsk y entramos en un super a ver si venden algún mapa de carreteras. Un montón de mujeres rusas se descojonan de nosotros, mientras les contamos con un mapa de carreteras de Mongolia que queremos otro igual, pero de Rusia. Al final, aparece un ruso tipo armario empotrado con unas manos grandes como panes. El tio nos pinta en un papel a ojo de buen cubero la ruta que tenemos que seguir. Nos puso las ciudades por las que teníamos que pasar, en nuestro alfabeto. Nos costó una barbaridad que entendiese que queríamos los nombres escritos en cirílico también, porque sino no había quien siguiese las indicaciones. Después de explicarnos como medianamente pudo que teníamos que seguir la carretera M-53, nos dió la noticia mas jodida que nos podía haber dado. Irkutsk no estaba a unos 1000km…sino que esta a unos 2400 kilómetros. Algo así como la distancia entre Cádiz y Amsterdam.
Con un bajón de moral bastante duro nos resignamos ante la idea de que llegar a Mongolia nos iba a llevar como mínimo un dia más, por lo que con respecto a nuestro plan llegábamos a Ulan Bator con dos días de retraso sobre lo planificado. Además, los días que nos esperaban eran de conducir sin parar, porque tampoco había nada que ver salvo el paisaje siberiano y el lago Baikal.
Le mandamos un sms a Josune para ver que ciudades teníamos por delante que tuviesen el tamaño suficiente para tener un hotel/hostal. La pobre como medianamente pudo nos indicó ciudades y distancias para que calculásemos hasta dónde íbamos hoy. El no llevar mapa nos supuso perdernos durante unos 300km, y dar una vuelta considerable hacia el sur, cuando deberíamos haber conducido hacia el norte.

Decidimos ir hacia Mariinsk, que es el primer hito que nos ha marcado el ruso 4×4. Nos volvemos a perder, y decidimos parar en una gasolinera para ver si hay suerte y pillar un mapa. Los únicos mapas que hemos visto hasta ahora en rusia son de como topográficos. Te ponen las alturas de los montes y los nombres de las ciudades, pero no las carreteras. ¿Los rusos no conocen algo tipo la guía campsa? En la gasolinera hablamos con dos rusos que se ofrecen a llevarnos hasta la carretera que tenemos que tomar. Los tíos van conduciendo y bebiendo cervezas. Al final llegamos a un cruce y se bajan del coche para desearnos suerte medio borrachos y sin camiseta. Los tios iban de tatuajes hasta las pestañas. La gente es simpática, pero rara de cojones.
Por fín encauzamos el rumbo y tiramos dirección Kemerovo para luego ir hacia Mariinsk a dormir. Después de unas 8 horas y unos 600 kms, llegamos a Kemerovo a eso de las 22:00. Estamos un poco cansados y decidimos no jugárnosla a conducir otras dos horas hasta Mariinsk. Kemerovo es muy grande (a ojo debe tener 300.000 habitantes) así que decidimos buscarnos un hotel y cargar pilas.
Los hoteles rusos son una vergüenza. La mayoría son de la época Soviética y estaban gestionados por el Intourist, la agencia oficial de viajes de la Unión Soviética. Son todos carísimos, espartanos, cutres. Tienen la peculiaridad de tener en cada planta a una señora que hace de jefa de planta, la cual te da la llave y vigila que todo está correctamente cuando te vas del hotel. La filosofía soviética de que todo el mundo debía tener un trabajo ha dejado reminiscencias ridículas como esta. Con tener a alguien en recepción se podían ahorrar un empleado por planta.
Algunos deciden que están muy cansados y se van a dormir. Lo de la cena está descartado. Son las 23:00 y ya no te dan de comer en ningún lado. Otrosdeciden dar una vuelta y tomar una copa. Acabamos en una fiesta de adolescentes rusos a los que les gustaba el chunda-chunda, y bailar con gafas de sol mirándose en un espejo. Conocimos a una rusa que se iba a su casa y le preguntamos por si había otro sitio abierto. La chica se ofreció a llevarnos a otro garito, el cual estaba a tomar por culo andando. Con el bazo en la boca y sin apenas aliento tras seguir el ritmo de la rusa, Kristina, acabamos en otra discoteca peor que la primera, pero donde cristo perdió el mechero. La tal Kristina se marcó una bomba de humo y nos dejó en el garito sin decir ni Dasvidania. A eso de las 3 de la mañana nos fuimos a dormir un rato, que a las 7 toca corneta y nos vamos hasta dios sabe dónde.
No tenemos mapa, no tenemos ni idea de por dónde vamos, la diarrea que arrastramos desde uzbekistan no ha desaparecido del todo, apenas tenemos dinero, no tenemos comida, estamos enmedio de Siberia. ¿En esto consiste la aventura, no?

