Día 26
Irkutsk (Rusia) - Lago Baikal (Rusia) - Altanbulag (Mongolia)
725 Km
8 horas
2 horas paso de frontera
Dejamos Irkutsk con ganas de llegar a Mongolia de una vez por todas. La idea es parar en el lago Baikal a hacernos unas fotos, y continuar dirección Ulan Ude, pero sin llegar hasta esa ciudad. Según nuestro mapa de Mongolia, del que se ve ¡por fin! la carretera rusa por la que circulamos, existe un atajo que nos ahorraría unos 250 km si nos desviamos a la altura de Babushkin.
Estamos a miércoles 12 de agosto. Nuestra idea era llegar ayer a Ulan Bator, pero no ha podido ser. Demasiado hemos hecho con todos los retrasos que hemos acumulado por culpa de Baku y nuestro error de cálculo con Rusia. Algunos tenemos que trabajar el próximo lunes 17, y todavía nos queda por intentar ver Pekín (evidentemente en avión, después de dejar el Panda en Mongolia), así que si llegamos hoy a la meta sería un triunfazo.
Al cabo de una hora, después de pasar por una carretera bastante serpenteante, nos encontramos de frente con la inmensidad. El lago Baikal tiene unos 650 km de largo y 80 de ancho. Para algunos de nosotros este es un hito histórico. Nunca pensamos que veríamos el lago Baikal. Está, literalmente, a tomar por culo de casa. Así que en cierto modo, toda esta locura del Mongol Rally empieza a tener cierto sentido.

Seguimos camino de Babushkin. La carretera permanece la mayor parte del tiempo paralela al lago. Atravesamos innumerables pueblos, que suponemos viven del turismo de la zona. Nos ponemos melancólicos mientras escuchamos en el coche la canción de La Valse d’Amelie en piano. Son muchas cosas las que nos han pasado durante los últimos 26 días. La verdad es que han pasado volando, y no tenemos la sensación de que España esté tan lejos. Llegados a este punto relativizas las distancias, y por ejemplo cruzar Kazajistan de sur a norte son dos días y pico y eso, en coche, no es nada. O al menos, eso pensamos ahora.
Llegamos a Babushkin, pero ese maravilloso atajo no aparece por ningún lado. Encontramos un camino de cabras entre la maleza que se pierde por la montaña. Según el mapa ese camino es el que nos debería llevar hasta Tokhoy, pero no tenemos cojones de jugárnosla a estas alturas. Mejor seguimos hasta Ulan Ude, aunque sean 250 kms más.
Paramos en la cuneta en Ulan Ude para comernos un bocata que nos han hecho en el hotel de Irkutsk. Los de la cocina se apiadaron de nosotros y nos hicieron algo de comer para el camino. Al rato paramos en una gasolinera, en medio de la más pura estepa. Es curioso, pero la cara de la gente están mutando de manera exponencial, desde el típico careto ruso de Irkutsk, hasta la cara más asiática de la zona de Ulan Ude. En 500 km, la raza de la gente no tiene nada que ver. Por cierto, en la gasolinera había una plantación de marihuana del carajo. Habíamos oído que se veían muchas en Kazajistán, pero nosotros no hemos visto ninguna hasta ahora.
Por fin, a eso de las 16:00 llegamos a la frontera entre Rusia y Mongolia. Hemos tardado menos de lo que esperábamos. En parte porque a Borja y a Pedro se les ha ido la olla y han decidido usar varios potenciadores de octanaje en el Micra a la vez, y el tio corre que se las pela.
Nos ponemos en la cola de la frontera rusa. La verdad es que no tenemos mucha fe en conseguir pasarla hoy. Creemos que esta cierra a las 17:00 y pasar las dos partes (la rusa y la mongola) en una hora se nos antoja imposible. En la parte rusa nos toca lidiar con una tia bastante borde, de unos 25 años. Después de arreglar nuestros papeles presenciamos un espectaculo patético, viendo como la borde se dedica a correr perseguida por otro militar ruso, en plan edad del pavo, alrededor de la garita. Suponemos que esa noche se consumó el amor…
Mientras esperamos en la cola para pasar a tierra de nadie, estábamos comentando el buen uso que iban a hacer de los coches en Mongolia. Con lo pobres que son…De pronto nos da por mirar el coche que estaba delante nuestra en la fila, con matrícula mongola: un Lexus 4×4. Y delante de ese…otro Lexus 4×4. Y delante de ese otro…un Mercedes…algo no nos cuadra…
Conseguimos entrar en la zona mongola. Nos obligan a aparcar el coche en un parking, junto a otros coches parecidos a los nuestros. Con pegatinas, pero de otros rallies…No queremos ser mal pensados, pero esto de los rallies benéficos de mongolia tiene un poco de tufo a negociete que se han montado unos cuantos listillos. Vamos a ser bien pensados, y esperemos que todo acabe en buenas manos. Pero para que os hagáis una idea, aquí tenéis fotos de algunos de los coches que nos encontramos. Alguno de ellos llevaban abandonados allí, a ojo de buen cubero, un par de años.
Empezamos con los trámites de los pasaportes. Allí no habla inglés ni dios, salvo un soldado raso que bien le podían ascender. Nos pegan el sello en el pasaporte, sin mayores contratiempos. El problema va a ser el coche.
A mediados de mayo, la organización del rally nos obligó a pagar unos 500 euros en concepto de tasas de importación del coche. Por cojones la pasta tenía que darse antes, ya que ellos tenían que tramitar los papeles con antelación para poder importar el coche a Mongolia y que no nos cobrasen un dineral. Se supone que como el coche va destinado a obras benéficas, estos tios de The Adventurist nos consiguen los papeles a un coste menor del normal. Cuando nos pusimos a intentar solucionar los papeles del coche eran cerca de las 18:00, y a esa hora cerraban la frontera. Los funcionarios mongoles nos dicen que de papeles nada, que ellos se van a su casa, y que volvamos mañana a las 8. A través del soldado que hablaba inglés intentamos venderle la moto de que teníamos que llegar hasta la capital, que mañana a primera hora de la mañana teníamos un vuelo para volvernos a España. Al principio parecía que la cosa colaba, pero llego un tío, igualito al que siempre hace de embajador de China en EEUU en las pelis de Jackie Chan, y dijo que nos faltaba el papelito con las tasas de importación pagadas por The Adventurist y que teníamos que llamarles por teléfono para que mandaran un fax a la frontera con nuestros datos, y que eso iba a tardar más de 5 minutos. Llamamos por teléfono a la organización del rally y un tio nos dijo que ningún problema, que mandaban el fax, que no nos preocupáramos y que, por favor, intentásemos ser simpáticos con los de la frontera, que alguno de los participantes habían perdido los papeles con ellos. La verdad es que en aquel momento no lo entendíamos.
Así que nuestro gozo en un pozo. El coche se quedaba allí por la noche, y nosotros teníamos que dormir en el maravilloso pueblo de Altanbulag (pueblo es algo bastante exagerado). Un guardia nos recomendó un hotelito idílico, a unos 50 metros de la frontera, en el que nos salió a unos 2 euros por cabeza la estancia, sin ducha. Lo de idílico, obviamente, es irónico. Pero por 2 euros, tampoco nos vamos a quejar.
Llevamos todo el viaje diciendo que cada cosa que nos pasa durante el dia lo vamos aprendiendo y que evitaremos cometer el mismo error en el futuro. En aquel momento no lo sabíamos, pero mañana vamos a demostrar que hemos aprendido latín, y que con amenazas, mala leche y dando mucho el coñazo, íbamos a conseguir entrar en Mongolia mucho antes de lo que esperábamos.







